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2015

El año pasado, queridos amigos y lectores, les deseé voluntad para hacer lo que quisieran. Este año me di cuenta de que también hace falta voluntad para tomar las decisiones que nos hagan felices, aunque no siempre sean las que preferimos.  
En fin, 2015 fue un año sin igual. Me gradué de licenciada en mi amaba Universidad Central de Venezuela y me inicié en el mundo del periodismo. Lo hice en un proyecto fabuloso, de la mano de tres grandes maestras que me han enseñado un montón. Hicimos un equipo de trabajo estupendo del que me siento orgullosísima de pertenecer y basta con visitar nuestra página para ver que día a día hacemos periodismo del bueno.
Esto no quiere decir que mis viejos amigos hayan quedado a un lado. De hecho siento que no vernos tan a menudo nos unió en pensamiento. Cada conversa o cada salida que compartimos, dependiendo del caso, fue necesaria y una gozadera genuina. Por todas esas bromas, todos esos planes, todas esas cosas, doy gracias a ustedes.
Durante todo el año recibí mucho cariño por parte de ambos grupos y de mi familia. Ese cariño pudo ser en forma de café, de arepa, de desvelo, de consejo, de corrección, de almuerzo, de cerveza, de charla, de película, de compañía, de mensajito, de regaño, de Skype, de Whatsapp, de chocolate, de brindis, de fotos, de sonrisas y basta ya, que hasta me pongo cursi.
No puedo recordar cada gesto que me animó y me alegró durante este año, pero sí de cada una de las personas que contribuyó para hacerme más grande y es por ello que aprovecho estas últimas horas del año para tomarme un ratico y agradecerles de todo corazón.
A estas alturas no tengo claro lo que espero para este 2016, pero sí mis deseos para ustedes, que hacen que mi vida sea mucho mejor. Un baño de salud, un ramazo de amor, otro de pasión por su labor y un beso de perdón. La esperanza y la voluntad ténganlas allí siempre.
A mi Venezuela, que cada día quiero más y a mi Caracas, les deseo cambio para bien. De esta crisis saldremos adelante y aunque hace exactamente un año veía todo con una pegajosa desilusión, hoy esa se transformó en esperanza. Para que esto ocurra es imprescindible que cada uno aporte a su modo.
Sean siempre su mejor versión, les juro que no se arrepentirán.
Les deseo un ¡Feliz 2016!

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Así son mis pautas en la calle. Esto fue ayer lunes 7 de diciembre.
Estaba distraída viendo por la ventana del bus las Santamarías cerradas de algunos locales de Chacao y alguien se sienta a mi lado. Es una mujer. La detallo y mi mirada se posa sobre su meñique, que no tiene vestigios de haber pasado por tinta. Me lamento y me levanto. Me cambio de puesto hacia uno en la otra fila. El cuero de mi nuevo asiento estaba ardiente pero lo percibo solo cuando este señor me lo dice. Entonces me invita a movernos a la otra fila. Mucho más cómodos empezamos a hablar. Le pregunto sobre el 6D y me dice que sí, que votó por su familia, por sus hijos y por sus nietos. Él quiere algo distinto para Venezuela porque “esto no se aguanta”. Trabajó más de una vida en Conferry y la pensión no le alcanza ni para comprar su comida. Es por ello que a pesar de su edad sigue laborando en una pequeña empresa agropecuaria. Antes de bajarme del autobús le pido un selfie porque ayer la vibra era fraternal. Arrima su bastón para dejarme salir y me dice a manera de despedida: “feliz día y felicitaciones por tu trabajo” Aquí nuestro retrato.