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La despedida de Cecilia

Con cuidado rozo tu ceja izquierda con la yema de mi índice. Te veo mientras duermes y lo hago porque no sé cuándo lo pueda repetir. Lo hago porque puede que esta sea la última vez que te vea mientras sueñas y la pequita en la punta de tu nariz me sonríe. Te dejo en paz, intento dormir y no puedo.

Los recuerdos me abruman. Una reja, un cuarto oscuro, un pasillo maloliente, la luna. Ella se repite y se esconde hermosa. El mar, una flor, un salón, tus ojos. Los imagino viéndome y respiro. Quiero fundirme en tus labios que entreabiertos dejan escapar ronquidos bajos. Pienso que debo aprovechar más esta oportunidad pero mi cuerpo no responde.

Abres los ojos y me preguntas que qué hago despierta y no hay forma de responderte sin sonar dramática. Esta mañana mi mundo empieza en tu frente y se acaba en la punta de tus pies. Me miras con un poco de lástima, la pasión se agotó en la madrugada.

El “no te amo” que tras la intensa conversación soltaste te hizo más fuerte y al verte de pie concibo que en unos minutos todo acabará. Todo está en mí.

No quiero regresar el tiempo, ni borrar los hechos. Quiero que me abraces y secuestro tu brazo para sentirte cerca otro poco. Pero, mi amor, aunque estemos entrelazados y nuestros cuerpos en completa entrega tu corazón está muy lejos y nos ve decepcionado.

Suelto una lágrima que logró esconder y sigo viéndote porque no quiero perderme nada. Incluso cuando cierro los ojos allí estás.

Los abro de golpe cuando te imagino con ella. Quisiera llamarla y decirle que no te haga daño, que te cuide y que te ame como yo lo haría, pero asumo que ella lo hace a su manera. No la odio.

Busco tus labios y tras un intento se enciende el motor. Me entrego a lo que sucede y olvido por unos minutos que hace falta un sentimiento. Si así es el fin, que sea eterno.

Pero nos vamos pronto . Me peino desnuda y así te recuerdo a ella. No lo soporto, te quiero golpear. Respiro, pero mi propio aire me asfixia. Olvídalo. Sí la odio.

Me veo, entonces, en el espejo. Nos veo. Nos amo. Quiero que nos veas con mis ojos. Quiero que me ames. Pero es inútil y ya perdí. Nada forzado resulta.

Al salir me pregunto, por última vez, si estarás seguro de que no sientes eso que yo. La soledad me abraza pero sonrio. Eres un buen amigo.

El “te quiero” que me regalas de despedida me empalaga aunque el abrazo se me hace demasiado corto.Te beso y camino de largo. No soy valiente, no puedo evitar voltear, pero por más que te busco con la mirada, ya no estás.